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"YO, JEFE DEL SERVICIO SECRETO MILITAR SOVIETICO" de Gualterio G. Krivitsky. Ed. Sucesor de Hipólito de Pablo. 1.945.



Nacido Samuíl Ginsberg en Podwoloczyska (Polonia), entonces parte del Imperio ruso, adoptó el nombre Krivitski (retorcido) como nom de guerre revolucionario cuando entró en la Inteligencia Militar Soviética, en torno a 1917. Actuó como nelegal (agente con nombre y documentación falsa) en Alemania, Austria, Italia y Hungría y escaló puestos hasta convertirse en oficial de control. Robó planos de submarinos y aviones, interceptó correspondencia nazi-japonesa y reclutó a numerosos agentes, incluyendo a Madame Lupescu y Noel Field.

En mayo de 1937, cuando el GRU quedó bajo control de la NKVD (futuro KGB), Krivitsky fue enviado a La Haya para operar como rezident, u oficial de control regional. Bajo la tapadera de anticuario coordinó una serie de operaciones de inteligencia por toda Europa Occidental.

El 10 de febrero de 1941 fue encontrado muerto en el Hotel Bellevue, a una manzana de la Union Station en Washington D.C., con tres notas de suicidio en su cama. Muchos sospecharon que fue asesinado.

"PHILBY, EL ESPIA QUE ENGAÑO A UNA GENERACION" de Bruce Page; David Leitch y Phillip Knightley. Ed. Destino. 1.968



Nota del Editoe: "La historia de Kim Philby es tan fantástica que ningún autor de novelas de espionaje se hubiera atrevido a escribirla. Agente soviético desde poco después de cumplir los veinte años, su labor en el Servicio Secreto Inglés resultó tan eficaz que en 1944 fue nombrado director del departamento antisoviético, caso de duplicidad jamás igualado en los anales del espionaje. Mas tarde fue enlace entre el Servicio Ingles y la Central Intelligence Agency (CIA) americana, desde cuyo puesto traicionó todos los secretos importantes de la inteligencia occidental.

Este libro narra con minuciosidad, por vez primera, como Philby trabajó en el Servicio Secreto Inglés, llegando a convertirse en su figura predilecta, las operaciones que reveló al enemigo y de que modo envió a numerosos agentes a una muerte segura; como su encubrimiento quedó vulnerado cuando tuvo que proteger a Donald Maclean - cuyo espionaje atómico se narra aquí por vez primera con toda clase de detalles - y la sorprendente secuela a todo esto, cuando Philby fue juzgado "en secreto", declarado inocente y readmitido en el servicio secreto. No fue hasta 1.961, es decir, diez años después de tener en sus manos pruebas decisivas, cuando los dirigentes del mundo secreto pudieron finalmente conocer los vergonzosos pormenores de la traición de Philby."

"MIS CAMARADAS DE CAMBRIGDE" de Yuri Modin.Ed. Planeta. 2.005




En el Olimpo del espionaje suelen habitar personajes de leyenda, pero ninguno como Harold Adrian Russell. (Kim) Philby alcanzó las alturas del mito hasta convertirse en paradigma del arte de la conspiración.

Philby, una de las personalidades más controvertidas y fascinantes de la alta sociedad británica, tuvo la osadía de saltar de los privilegiados claustros de Cambridge a las barricadas obreras de Viena, donde los socialistas combatían a las tropas de asalto de Hitler. El filósofo Richard Wollheim observó que la gran depresión del ´30, un gobierno laborista complaciente con el fascismo e indiferente ante millones de parados y famélicos, terminó avergonzando a los intelectuales de pertenecer a Inglaterra y a su clase.

Fue Arnold Deutch, el legendario agente "Otto", educado en el Círculo de Viena e instruido en Moscú, quien reclutó a Philby. Entre 1934 y 1937, "Otto" captó a otros 17 agentes británicos: Donald Maclean, Guy Burgess, Anthony Blunt, John Cairncross, George Blake, entre otros.

Philby fue el "tercer hombre" del excelso grupo surgido de Cambridge. Se hizo corresponsal de guerra de The Times en el bando falangista, fue herido en Teruel por las fuerzas republicanas a las que realmente servía y terminó condecorado nada menos que por Francisco Franco.

Ya en el MI6, el servicio exterior británico, Philby —"Sönchen","Hijito", "Stanley" para el KGB— llegó a dirigir el departamento España y Portugal, donde se gestaba una formidable maraña de intrigas y desinformación. Cumplió diversas tareas de riesgo hasta llegar a conducir la mismísima contrainteligencia antisoviética. Puso en manos de Moscú todo lo que los británicos sabían sobre el servicio secreto alemán y anticipó información sobre los cohetes V1 y V2 que Adolph Hitler lanzaría de Calais a Dover. Como representante inglés en Washington transmitió a Moscú los planes de la futura CIA y el proyecto secreto de la bomba de uranio, así como el dato de que jamás sería arrojada sobre Alemania.

En "Mis cinco amigos de Cambridge" el encumbrado dirigente del KGB, Yuri Modin, reveló que la información de Philby permitió "demostrar" a José Stalin que Winston Churchill y las potencias occidentales descartaban abrir un segundo frente para que la URSS se debilitara, y que negociaban en secreto con Alemania, mientras el Ejército Rojo desarrollaba su gigantesca ofensiva hasta Berlín.

En 1951 Philby descubrió que la CIA había detectado a Maclean y armó su huida a Moscú. El cerco había empezado a cerrarse sobre los espías de Cambridge: Philby quedó expuesto y debió soportar largos años de sospechas e interrogatorios. En 1963 el KGB organizó su fuga desde Beirut a Moscú. Se había malogrado la posibilidad de que Philby alcanzara la jefatura suprema de los servicios secretos británicos.

Para Modin, la psicología de Philby fue un fenómeno sorprendente. "Todos lo amaban: la Sociedad anglo-germana, el entorno de Franco, el The Times, sus cuatro esposas y sus incontables amantes, sus colegas del MI6 y la CIA. Hasta en el ministerio de Propaganda de Goebbels lo elogiaban...". Philby, dice Modin, bien pudo haber trabajado "honestamente" para ambos bandos sin ser un agente doble, y con su encanto y su inteligencia, tal vez "se burlase del KGB y del MI6. No sorprendería que haya vivido su tercera vida. Después de todo, tenía un maravilloso sentido del humor".

En Philby: maestro de espías (1989), Philip Knightley cita a Sir Robert Mackenzie: "Philby no vendió los secretos de su país. Nunca recibió un peñique. Lo hizo por sus ideales". Knightley señala que Philby "nos obligó a examinar nuestra propia actitud hacia el patriotismo, la traición, las clases y las convicciones políticas (...) y a preguntarnos si en circunstancias adecuadas podríamos convertirnos en traidores. Su caso tiene más que ver con la traición a los intereses de una clase que con la traición al país. La fascinación por Philby —concluye— no reside en su acto de traición, sino en quién era él y por qué lo hizo."

Pero el propio Philby tuvo menos dudas: "Para traicionar —le dijo a Knightley— primero hay que pertenecer. Yo nunca pertenecí. He seguido la misma línea durante toda mi vida adulta. La lucha contra el fascismo y la lucha contra el imperialismo fueron una sola". Su único libro,"Mi guerra silenciosa", lleva una dedicatoria inequívoca: "A los camaradas que me enseñaron la forma de servir".

Una anécdota de su vida en Moscú da una idea de su personalidad. Philby llevó a un grupo de amigos a ver el ballet Bolshoi. Terminada la función, bajo la nieve y con 15 grados bajo cero, mientras trataban inútilmente de conseguir un taxi, una inglesa del grupo estalló: "¡Por Dios Kim. Eres un maldito general del KGB. Tienes derecho a un coche con chofer! ¿Por qué no lo usas alguna vez?".

A diferencia de cómo había vivido, Philby murió apaciblemente una madrugada de mayo de 1988. Moscú lo despidió como a un héroe y en Occidente la repercusión alcanzó niveles insospechados. Junto al féretro, entre otras condecoraciones, estaba la Orden de Lenin, a la que curiosamente valoraba como un título de caballero. En su lápida luce aún hoy una estrella dorada, acaso una alegoría: siempre se consideró un hombre afortunado. Tres años y medio después, aquel estado soviético al que había dedicado su vida, dejó de existir.

"EL GRAN JUEGO!" de Leopold Trepper. Ed. Ariel. 1.975.



Escrito por el propio director de esta organización, la "Rote Kapelle" (La Orquesta Roja o La Capilla Roja, como también es conocida) fue una red de espionaje comunista formada durante la II Guerra Mundial integrada por ciudadanos alemanes en contra de los nazis.

Comenzó a formarse en 1939, cuando Leopold Trepper un agente del Servicio de Inteligencia Militar de la URSS, estableció una red de inteligencia en Europa Occidental. La formación de la red sucedió luego de las purgas stalinistas, donde cayera como cabecilla el legendario General Tucachevsky, en el marco de la política no-beligerante con la Alemania nazi (Pacto de No Agresión, Molotov-Ribbentrop).

Su misión era recoger información en Holanda, Francia, Suiza y Alemania. El círculo de espías tenía tres ramas importantes: la red francesa, belga y la holandesa; la red de Berlín; y el Círculo de "Lucy" que operaba en la segura y neutral Suiza. También hubo una red japonesa. Los miembros de la red eran conocidos por los alemanes como "pianistas", dado que transmitían sus mensajes usando el telégrafo operado manualmente. La red aportó información prioritariamente a los soviéticos, pero también la compartía con los aliados ingleses.

La importancia de la red de Berlín en la II Guerra Mundial fue primordial para desmantelar la estrategia alemana en la batalla de Stalingrado (la Orquesta Roja causó por lo menos la muerte de 250.000 soldados del Eje suministrando detalles estratégico-operativos del Frente del Este, y también intervino suministrando informaciones sobre fabricación de armas y los cohetes V1 y V2).

Por saber, sabía incluso la fecha exacta de la entrada de Alemania en guerra contra la URSS, información sobradamente contrastada que Stalin se negó a creer. Los alemanes descubrieron la red por casualidad, en Bélgica, a fines de 1941; la investigación les reveló que era la red de espionaje más amplia y profunda que poseían los Aliados.

La contrainteligencia alemana terminó descubriendo setenta y cuatro emisoras de la Orquesta Roja; más tarde se descubrió que eran más de quinientas. Las principales funcionaban en Lieja, Gante, Bruselas, Estambul, Atenas, Belgrado, Ginebra, Viena, Roma, París, Ámsterdam, Berlín, Neuchâtel, Madrid, Barcelona, Amberes, Estocolmo, Copenhague, Trondheim, Lyon, Marsella y Lille. Sólo en París había una treintena.

En esas actividades participó la red suiza conocida como Trío Rojo. Su principal agente era Rudolf Roessler, de nombre en clave "Lucy", con uno o varios importantísimos informantes dentro del OKH, todavía hoy desconocidos; su mayor éxito fueron las informaciones previas a la Operación Citadelle. Roessler era considerado un patriota por sus amigos, pero pasaba información a través de Suiza al agente Alejandro Radolfi (Sandor Radó), alias "Dora", que retransmitía sus informes a Moscú. Su hermana estaba casada con el director de orquesta Hermann Scherchen, también colaborador.

Muchos de los agentes eran alemanes de los más diversos estratos de la sociedad, artistas, escritores, estudiantes, comerciantes y militares con tendencias políticas opuestas al régimen, no necesariamente comunistas. Pero el núcleo dirigente estaba formado por comunistas confesos que habían podido escapar a la represión hitleriana: el teniente de la Luftwaffe Harro Schulze-Boysen, sobrino segundo del almirante Tirpitz, y Arvid Harnack del Ministerio de Economía del Reich, sobrino del famoso historiador Adolf von Harnack.

El escritor Adam Kuckhoff, el segundo teniente Herbert Gollnow, J. Wenzel, agente de la Internacional Comunista en Bruselas, la condesa Ericka de Brockdroff y el profesor W. Kraus (Marburgo), quien distribuía el periódico ilegal El Frente Interior, repartía octavillas y reclutaba a trabajadores inmigrantes. Ilse Stöme estaba infiltrada en el Servicio de Información de Asuntos Extranjeros; el coronel de la Luftwaffe Erwin Gras y Horts Helmamm, que operaba en la oficina de claves del contraespionaje, la bailarina Olga Schottmüller, la vidente Anna Krause y el diplomático Rudolf von Scheliha. Al igual que otras asociaciones como el Frente Negro y la Rosa Blanca, luchaban contra Hitler desde dentro.1 La eficacia de la red llegó a ser tal que cualquier decisión del Alto Estado Mayor se conocía por los Aliados sólo con una diferencia de nueve horas desde que era tomada. Pero quizá el más famoso y anónimo espía de la Orquesta Roja fue Leopold Trepper, quien diseñó la arquitectura de la red y era conocido como "Gran Jefe", y se ocupaba de la red francobelga.

La red berlinesa de la Orquesta Roja fue desmantelada en parte por la Gestapo el 31 de agosto de 1942. Se hicieron más de 600 arrestos en Bruselas, París y Berlín. Entre los arrestados había miembros de la Abwehr, Ministerio de Propaganda, Ministerio del Trabajo, Ministerio del Exterior y la oficina administrativa de la ciudad de Berlín.

Los procesos judiciales se llevaron en el más estricto secreto; hubo 58 condenas a muerte, los hombres ahorcados y las mujeres guillotinadas, y muchas otras a cadena perpetua.

"EL GRITO DE TROSKY" de José Ramón Garmabella



En agosto de 1940, Trotski en su casa-fortaleza de Coyoacán, en México DF, ultimaba un libro sobre Stalin, que dejó inacabado; incluso la introducción: "La primera cualidad de Stalin era una actitud despectiva hacia las ideas. La idea había...", y ahí se quedó, pues como es sabido el 20 de agosto un tal Frank Jacson o Jacques Mornard, en realidad el comunista español Ramón Mercader del Río, le asesinó clavándole en la cabeza un piolet (Padura) o un zapapico (según Julián Gorkin, autor del muy célebre, por razones que ahora no hacen al caso, Cómo asesinó Stalin a Trotsky). Me detengo en Gorkin: en la contracubierta de una edición barata de 1965, se escribe: "...la obra es una verdadera novela de acción, cuya base real hace más dramática esta historia". Esta historia, el asesinato de Trotski, es lo que cuenta Leonardo Padura, autor de una estimable serie policiaca, en la que radiografía moralmente -quédense con el adverbio- Cuba. El hombre que amaba a los perros es, sí, el relato pormenorizado del asesinato de Trotski, contado con gran nervio narrativo -es en sí misma una apasionante novela de lealtades, u obediencias: no es lo mismo, y traiciones, y también, claro, una película: la hizo Losey en 1972-; es también una pormenorizada reconstrucción de los últimos años de la vida errante de Trotski, presintiendo que Stalin le alcanzaría; y es, por último, la historia de un joven cubano, Iván, para quien la vida es un callejón sin salida y que conoce en 1977, en una playa, a un hombre que amaba a los perros, que pasea dos viejos galgos rusos, dos borzois, esos animales que tanto amó -también- Trotski, como ama -también- el cubano a los perros en general. Ese misterioso español, enfermo y abandonado, le confía su secreto; el lector ya lo adivina enseguida, Iván tarda más: es Ramón Mercader, quien falleció en Cuba en 1978. Los perros, pues, con una insistencia que a mí no me acaba de convencer, unirán las tres historias y con las tres Padura ha escrito una ambiciosa novela, que se lee con mucho interés, aunque tal vez se hubiera beneficiado con una mayor capacidad de síntesis. La parte del Trotski huyendo es muy prolija, como si Padura no hubiera acertado al manejar la mucha documentación; la parte de Mercader no se libra tampoco de un exceso de datos, aunque es la que mejor fluye; y, por fin, la parte cubana, con la que Padura está comprometido moralmente, es por sí misma una novela: es acertado ese "efecto mariposa" de la utopía socialista y cómo aquella barbarie estalinista acaba, tantos años después, tantos sueños rotos después, tanta sangre derramada después, perjudicando las vidas anónimas como las de Iván o Ana, su mujer, también ella amaba a los perros. El único pero, pues, aunque estructural, que cabría hacer es éste, que nos da seiscientas páginas, donde caben tres novelas, y el total se resiente algo. En cambio, la ambición se le reconoce..

"INVITACION A UNA ENCUESTA" de Walter y Miriam Schneir. Editorial de Ciencias Sociales,, 1.985.


Ethel Greenglass Rosenberg (Nueva York, 28 de septiembre de 1915 - 19 de junio de 1953) y Julius Rosenberg (Nueva York, 12 de mayo de 1918 - 19 de junio de 1953) fue un matrimonio de Estados Unidos de América ejecutados en la silla eléctrica acusados de espionaje. Fue la primera ejecución por espionaje de civiles en la historia de Estados Unidos

Nacidos en el seno de familia judía, Julius Rosenberg era ingeniero eléctrico, mientras su esposa Ethel era aspirante a actriz y cantante. Ambos formaron parte de la Young Communist League, las juventudes del Partido Comunista de los Estados Unidos.

El origen del juicio y ejecución de este matrimonio hay que buscarlo en las filtraciones de secretos nucleares acontecidas tanto en el centro de investigación nuclear de Los Álamos como en la Universidad de Berkeley, donde existía un importante sector simpatizante de la izquierda, especialmente entre los científicos. Un antiguo maquinista del centro super-secreto de Los Álamos, el sargento David Greenglass, hermano de Ethel, confesó haber pasado secretos a los rusos y acusó asimismo a su hermana y al esposo de ésta, confesión que condujo directamente hacia el matrimonio Rosenberg, que fue detenido, acusado y juzgado por espionaje.

Aún hoy, se considera que el juicio a que ambos se vieron sometidos distó mucho de haber sido justo. Ciertas o no las acusaciones de espionaje, ambos fueron ejecutados en virtud de la Ley de Espionaje de 1917, que dictaba pena de muerte para este tipo de delitos en tiempo de guerra, si bien en el momento de haberse cometido el supuesto espionaje, Estados Unidos no estaba en guerra con la Unión Soviética. Al comparar este caso con otros de la misma índole, resueltos con penas mucho más leves a pesar de existir pruebas más concluyentes, como el caso de Klaus Fuchs, condenado a 14 años de prisión tras haber espiado a los Estados Unidos en favor de la Unión Soviética, se observa un mayor agravio, impulsado por el ambiente anti-comunista y el miedo imperante en la sociedad estadounidense a un inminente enfrentamiento con la Unión Soviética lo que habría originado el «Mccarthismo». Hay que considerar que en esa época se vivía la Guerra de Corea (25 de junio de 1950 al 27 de julio de 1953). Este era un conflicto entre Corea del Norte (comunista) y Corea del Sur (capitalista), pero a la vez era una guerra no oficial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, conocida como Guerra Fría. Es por ello que, en el juicio, se acusó al matrimonio Rosenberg de haber revelado los secretos de la bomba atómica a los soviéticos, dando lugar supuestamente al equilibrio nuclear con los soviéticos y se les hizo responsables de las numerosas bajas estadounidenses durante la Guerra de Corea.

Ambos fueron finalmente ejecutados en la silla eléctrica el 19 de junio de 1953, y, de acuerdo con las crónicas del caso, aunque Julius murió a la primera descarga, su esposa Ethel, a pesar de ser una mujer más pequeña y supuestamente frágil, resistió hasta tres descargas eléctricas antes de fallecer, hecho del que se responsabilizó al diseño de la silla, construida para una persona de mayor envergadura y cuyos electrodos al parecer no se ajustaban «adecuadamente» al cuerpo de la mujer.

Años después, en 1966, David Greenglass, hermano de Ethel, quien pasó 10 años en prisión y que había sido sentenciado a solo 15 años de condena por su confesión y colaboración, manifestó haber acusado falsamente a su hermana y cuñado bajo las amenazas del FBI. En las memorias de Nikita Khrushchev, publicadas póstumamente en 1990, el ex primer ministro soviético alaba al matrimonio Rosenberg por su "muy significativa ayuda en acelerar la producción de nuestra bomba atómica", pero los analistas creen que la validez de su aporte no pudo ser tan importante. En 1995, luego de finalizada la Guerra Fría, diversas investigaciones del FBI y de los servicios de inteligencia norteamericanos, integradas en el «Proyecto Venona», parecen haber encontrado evidencias de que Julius Rosenberg trabajaba para los servicios de espionaje soviéticos, pero no así su esposa Ethel.

"LOS SECRETOS DEL SERVICIO SECRETO SOVIETICO" de J.r.d. Bourcart. Ed. Mateu. 1.963

Estudio del espionaje ruso en sus distintas facetas -militar, política, económica- que de acuerdo al autor, ha sido el organismo clandestino que, después de la Segunda Guerra Mundial, ha envuelto en sus redes a todas las naciones del planeta y se infiltra en sus estructuras.

"EL CASO DEL ESPIA SORGE" de Hans Otto Meissner



Nadie como Richard Sorge influyó de una manera tan fatídica para Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, pues descubrió que Japón no estaba dispuesto a caer sobre Rusia por la espalda, por lo cual se atrevió Stalin a trasladar las divisiones siberianas para salvar a un Moscú que se hallaba gravemente amenazado por los alemanes. No obstante, ésta fue sólo una de sus más espectaculares acciones de espionaje, entre las cuales se ha de incluir el descubrimiento de los proyectos bélicos de Japón contra Estados Unidos, si bien los japoneses consiguieron probar la culpabilidad de Sorge en este su último gran golpe, por lo cual nuestro hombre no pudo ya salvar el cuello del nudo corredizo que, según parece, puso fin a su vida, en noviembre de 1944, en la prisión de Sugano. Sin embargo, son muchos los hechos que inclinan a dudar de la veracidad de esta versión de su muerte. Richard Sorge, hijo de padre alemán y madre rusa y nieto del secretario particular de Karl Marx, estaba poseído por la ambición de influir en los destinos del mundo mediante el manejo de los hilos entre bastidores.


Sobre el autor

Hijo del prominente diplomático alemán Otto Meissner, Hans-Otto Meissner (1909-1992) estudió derecho en Heidelberg y Cambridge, entrando posteriormente en la carrera diplomática, que lo llevó entre otras ciudades a Londres, Tokio, Moscú y Milán. Cuando la dejó en 1945, publicó una serie de libros que alcanzaron elevadas tiradas.

"ANTHONY BLUNT. EL ESPIA DE CAMBRIGDE" de Miranda Carter

El 15 de noviembre de 1979, Margaret Thatcher aprovechaba una pregunta parlamentaria para destapar la identidad del «cuarto hombre» del círculo de espías de Cambridge: Sir Anthony Blunt, ilustre historiador del arte, conservador de las pinacotecas reales y destacado y ya anciano miembro del establishment. En esta premiada biografía, Miranda Carter reconstruye la complejidad de un personaje acostumbrado a ocultar sus distintas facetas: académico respetable, homosexual y agente doble.



De la mano de Blunt, recorremos los fascinantes ambientes de una infancia privilegiada y una educación en un lugar irrepetible, el Cambridge de los años veinte y treinta, donde la rebeldía personal, a veces en forma de homosexualidad, iba de la mano de la ideológica: la afiliación comunista, reforzada por el auge de los fascismos y el impacto de la guerra de España. La segunda guerra mundial arrastró a estos jóvenes miembros de la elite intelectual británica a los servicios de inteligencia, donde su doble lealtad sembraría la tragedia que, tras una brillante carrera académica y una notable presencia en el mundo cultural inglés, acabaría haciendo de un historiador del arte jubilado el paradigma del traidor.

"PHILBY, MAESTRO DE ESPIAS" de Phillip Knightley


Phillip Knightley, australiano de nacimiento, desarrolla su vida profesional en Londres, donde ejerció como colaborador especial del Sunday Times durante 21 años, hasta que abandonó esa colaboración para dedicarse exclusivamente a escribir libros. Casado y padre de tres hijos, Knightley divide su interés preferente entre Inglaterra, India y Australia. Philby estuvo a punto de ser nombrado director de los servicios secretos británicos, ostentó el cargo de enlace con la CÍA y el FBI para coordinar las operaciones de contraespionaje. Era culto, refinado, exquisito representante de la mejor sofisticación británica. Y cuando murió, en Moscú se le brindó un homenaje postumo digno de un héroe. Porque a ese breve historial hay que añadir un dato: fue el mejor espía soviético de la historia. Mucho se ha escrito sobre él, y sin embargo, no siempre los datos aportados han superado el campo de la especulación. Él, desde Rusia, asistía a la revelación del caos en silencio. Sólo se decidió a contarlo todo cuando Phillip Knightley le visitó en Moscú para realizar la entrevista que da lugar a este libro. Un documento irrepetible.

"EL ARCHIVO PHILBY" dePhilip Knightley, Genrikh Borovik


La vida secreta de Kim Philby es mucho más extraña que la de cualquier espía de ficción, pero su actuación pública es bien conocida. En la década de 1930 fue reclutado por el KGB en Cambridge; se abrió paso en los servicios secretos británicos, donde tras una brillante carrera en tiempos de guerra llegó a jefe de la sección antisoviética y más larde a enlace en Washington con la CIA y el FBI... revelando siempre todo lo que sabia a sus superiores de Moscú. Iba camino de convertirse en jefe del servicio británico, donde el perjuicio que podría haber causado es incalculable. Sin embargo, después de la defección de sus colegas Guy Burgess y Donald Maclean en 1951, se encontró envuelto en una nube brumosa aunque persistente de sospechas, lo que finalmente le llevó a huir en 1963. Ya antes de su muerte, acaecida en Moscú en 1988, sin arrepentirse y satisfecho, se había convertido para Occidente en un símbolo de la traición de inspiración soviética. Philby fue un inglés de antecedentes privilegiados que había traicionado a todo el mundo libre. Pero este es apenas un vislumbre de la historia del famoso espía.

"MI GUERRA SILENCIOSA" de Kim Philby


Philby, inglés de nacimiento, empezó a trabajar para los rusos en 1933, a los veitiún años de edad. Siete años más tarde se infiltró en las filas del Servicio Secreto británico, iniciando la que había de convertirse en la mascarada más increíble en la historia del espionaje, mascarada que logró mantener durante treinta años. Philby actuó, asimismo, como Oficial Jefe de Enlace británico cerca de la CIA americana, lo que le permitió el acceso a los secretos más vitales de los Estados Unidos, que también transmitió a los rusos.

Cuando una red de sospechas empezó a cernerse estrechamente a su alrededor, negó con firmeza cuantas acusaciones se hicieron, hasta que, en 1956, el propio Primer Ministro británico, Mcmillan, le exoneró públicamente de todo cargo de espionaje. Tan sólo en 1963, cuando se inició una nueva investigación que amenazaba con desenmascararle, huyó Philby a Moscú. En MI GUERRA SILENCIOSA, Philby narra por primera vez su propia historia.

"LOS DOCUMENTOS DE PENKOVSKY" de Oleg Penkovsky. Ed. Plaza y Janes. 1.966

En julio de 1960, Oleg Penkosvky se acercó a unos estudiantes estadounidenses que estaban de paso por la capital soviética de Moscú, y les dio un paquete, que luego llegaría a manos de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana. Los oficiales de la CIA tardaron en contactarlo porque creían que estaban bajo constante vigilancia, o bien porque asumían que podía tratarse de una trampa o celada tendida por el KGB. Penkovsky finalmente persuadió al británico Greville Wynne para organizar una reunión con dos agentes de inteligencia británicos y otros dos estadounidenses, durante una esporádica visita a Londres, en 1961. Wynne devendría en uno de sus mensajeros. Así fue que la CIA se lamentó su tardanza en haberlo contactado, pero los británicos del MI6 les prometieron que compartirían la información confidencial que les proporcionase su nuevo doble agente soviético.

En 1960 y 1961 escribió a varias personas occidentales ofreciendo sus servicios como espía. Estos acercamientos no fueron atendidos inicialmente por la CIA que pensó que era un doble agente. Fue decisiva la intervención de Greville Wynne para arreglar una reunión con los oficiales británicos del MI6 durante una visita a Londres en 1961. Durante los siguientes 18 meses, Penkovksy suministró una tremenda cantidad de información a sus dos contactos del MI6 británico en Moscú, Ruari y Janet Chisholm, además de brindar datos adicionales a sus contactos de la CIA y al SIS durante sus contados viajes permitidos al exterior. Pero su logro más importante fue haber provisto al entonces presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy con información confiable sobre el tamaño real del arsenal nuclear soviético duarante la crisis de los misiles cubanos, el cual era bastante más pequeño de lo que los expertos occidentales habían estimado, desinformación en parte previamente causada a raíz de los constantes alardes de Jrushchov, como aquella célebre bravuconada de que "los misiles [atómicos] intercontinentales salían de las fábricas soviéticas como salchichas de una máquina de hacer embutidos" 2 , dicha durante su célebre asistencia a la reunión de la Asamblea General de la Naciones Unidas, en octubre de 1960. Además, a partir de los documentos confidenciales, quedó claro que los sistemas de reaprovisionamiento de combustible de la URSS no eran completamente operacionales, así como tampoco sus sistemas de guía de misiles eran totalmente funcionales.

[editar]Actuación en la crisis de los misiles cubanos

Ver también Crisis de los misiles cubanos

El régimen soviético comenzó a desplegar misiles nucleares de alcance intermedio (MRBMs) 3 en Cuba, con la expectativa que, una vez que el gobierno estadounidense de se enterase de su existencia, ya fuese un hecho consumado (fait acompli), y no pudiese hacer nada al respecto. Penkovksy proveyó de planos y descripciones de los sitios de lanzamiento de misiles instalados en Cuba. Sólo a partir de esta información pudo la inteligencia estadounidense identificarlos fehacientemente, ya que las fotografías obtenidas mediante los vuelos de reconocimiento de los aviones espía Lockheed U-2 eran de una relativa baja resolución.

Penkosvky fue arrestado por el KGB el 22 de octubre de 1962 -a partir de información brindada por el doble agente británico George Blake-, poco antes del mensaje de Kennedy al pueblo estadounidense, mediante el cual revelaría que aviones espías U-2 habían confirmado reportes de inteligencia de que los soviéticos estaban instalando misiles nucleares de alcance intermedio en Cuba (peligrosa operación cuyo nombre en código era Anadyr).

Así, el presidente Kennedy fue forzosamente privado de un muy importante agente de inteligencia, que podría haber ayudado a ayudado a mitigar un poco la fuerte de los trece días que duró la crisis nuclear, inteligencia como, por ejemplo, que Jrushchov mismo estaba buscando formas de desactivar la peligrosa situación de escalada nuclear eventual 4 la cual, a la postre, resultaría ser el momento histórico más próximo que tuvieron ambas superpotencias militares antagónicas de sufrir un intercambio atómico mutuo.

Tal vez esa información hubiese reducido la presión sobre Kennedy de lanzar una invasión a gran escala sobre la isla -una acción que, hoy se sabe, hubiese llevado al uso de las armas nucleares tácticas de la clase "Luna" contra las tropas estadounidenses. El comandante soviético en Cuba, el general Issa A. Pliyev, había recibido el permiso de usarlas en un caso extremo, sin necesidad de consultar a Moscú antes. 5

[editar]El destino final de Penkovsky

Penkovksy fue juzgado y condenado por espionaje en un juicio sumario que tuvo lugar en 1963. Sobre lo que exactamente le sucedió después de su condena, los recuentos difieren. Algunas fuentes alegan que fue ejecutado mediante el tradicional método soviético de un balazo en la nuca, para luego ser cremado y eventualmente enterrado en una fosa común.

El autor del GRU Vladimir Rezun, escribiendo bajo el seudónimo "Viktor Suvorov", dice en su libro Aquarium, dice que le mostraron un film en blanco y negro del GRU en el que Penkovksy es taba atado a una tabla, mientras era "cremado vivo". Es decir, habría sido lentamente introducido en un horno crematorio, de pies a cabeza (en ese orden), mientras otros oficiales eran forzados a mirar la espeluznante escena, como una furibunda advertencia a potenciales traidores futuros. Una descripción muy similar realizaría más tarde Ernest Volkman, en uno de sus libros.6

[editar]

"LOS ASESORES SOVIETICOS EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA" de Jose Luis Alcofar Nassaes. Ed. DOPESA. 1.971

"LA ORQUESTA ROJA" de Gilles Perrault. Ed. Bruguera. 1.982



La vida y “milagros” de Lejb Domb, mas conocido por su "nombre de batalla", Leopold Trepper, es ciertamente, legendaria. Como tal, ha dado lugar a dos libros extraordinario, el primero fue su propia autobiografía, El gran juego (Ariel, Barcelona, tr. Juan de Benavent, IBSN: 84.344.4230 2; 512, pgs), el otro sería el de Gilles Perrault, La orquesta roja, que fue editado por Laia, Barcelona, 1974 con traducción y prólogo de Javier alfada, 582 pgs), que es el que tengo en la mano, si bien existe una edición más reciente (Txalaparta, Tafalla, 2001).

En el de Gilles Perrault (Laia), se informa en la portada: Las actividades de la red de espionaje soviética. La Orquesta Roja, costaron a la Alemania nazi –según el testimonio del jefe del Bauer, almirante Canaris- la viad de 200.000 soldados…”

Esta es solo una nota mas del “curriculum” de Trepper, un hombre discreto que murió como había vivido, luchando por el ideal socialista. Nacido en 1904 en una familia judía de Novy Tard, pueblo de la región de Galitzia, antes polaca y ahora mayoritariamente soviética, se adhirió, aún adolescente, al movimiento de las juventudes sionistas Hachomer Hatzair, y con tan sólo veinte años emigró a Palestina, entonces bajo el mandato británico, donde contribuyó a fundar el grupo comunista Unidad que preconizaba la unidad de, acción de judíos y árabes "principio básico de la paz en Oriente Próximo", según sus propias palabras.

Expulsado por los británicos de Palestina en 1929, pasa tres años en Francia, donde milita en un grupo de comunistas extranjeros, antes de viajar a Moscú bajo el pretexto de estudiar en una universidad especializada, pero, en realidad, para entrevistarse con el jefe de los servicios de información del ejército soviético.

En los años que preceden a la segunda mundial, funda en Bruselas la temible Orquesta Roja, cuyos músicos enviarán a Moscú, a partir de la entrada en guerra de la Unión Soviética en 1941, más de 2.000 despachos de gran importancia redactados por "290 agentes que no eran espías profesionales, sino furibundos antinazis de diversas nacionalidades".

Fue de esta red de donde partió la formación exacta que anunciaba a José Stalin la fecha exacta de la entrada en guerra de Alemania contra la URSS: en la madrugada del domingo 22 de junio. Pero Stalin no lo creyó. Pero los hechos tienen la cabeza dura: el 2 de Junio de 1941, los nazis invaden las repúblicas occidentales de la URSS… todo parece en orden para el alto mando de la Wehrmacht. Sin embargo, en los cuarteles de la Abwehr (inteligencia militar alemana) tienen razones para estar preocupados: el tranquilo éter se ve repentinamente ocupado por decenas de emisoras, radiando desde todas las ciudades de los países ocupados y desde el interior del Reich. Se trata de la OS1 (Organización Especial nº1, servicios de inteligencia exterior de la URSS), también conocida como Orquesta Roja.

En 1945, al final de la segunda guerra mundial, es repatriado, como todos los demás espías soviéticos que trabajaron en Europa occidental, y recibido en Moscú con todos los honores por importantes personalidades que, nada más felicitarle, le envían a la cárcel de Lubianka y a otros lugares de detención, donde permanecerá diez años hasta ser declarado inocente y puesto en libertad. Trepper volvió entonces a su país de origen, Polonia, en cuya capital residirá veinte años y asumirá la presidencia de la Asociación Cultural Judía. Pero en octubre de 1973, cuando las autoridades polacas le retiran su pasaporte, amenaza con suicidarse si no es autorizado a abandonar el país, lo que conseguirá tres años después, en 1976.

Con todos aquellos que le abordaban en la calle, Trepper se creía en el deber de hablar de política para advertirles que "la tercera guerra mundial ha empezado ya". El intrépido espía soviético no opinaba, según su viuda, "nada positivo" de la actual política del Kremlin, y "se había solidarizado con el movimiento progresista en Polonia, por lo que la reciente toma del poder por el Ejército le decepcionó". A Leopold Trepper le hubiese gustado escribir un último libro, Mi testamento político, pero la enfermedad que contrajo en las celdas estalinistas le impidió realizar su deseo. Un repaso de su obra, La Orquesta Roja nos lleva en primera persona a la historia de esta red de espionaje, liderada por Leopold Trepper, y su lucha contra la Gestapo y la Abwehr, una organización de cientos de agentes infiltrados hasta los más altos escalafones del Reich, responsable de miles de informes, desde los números de bajas nazis hasta los datos de la producción militar, claves para la victoria del Ejercito Rojo. El relato está lleno de alegrías pero también de traiciones, pasando por las extrañas relaciones que se establecen entre sus protagonistas y los sabuesos que los persiguen. Una lectura más que recomendable para descubrir uno de los episodios menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial.

"SPY SITES IN LONDON" de Mark Birdsall and Deborah Plisko. Ed. Paperback. 2.011

Guía de la ciudad de Londres con lugares relacionados con el espionaje en el siglo XX, sedes de las agencias inglesas, lugares donde se produjeron hechos relacionados con esta actividad, domicilios de los espías mas famosos a su paso por esta ciudad, todo ello acompañado de mapas e indicaciones precisas (calle y número) con numerosas fotografías. En ingles